lunes, 28 de mayo de 2007
Tratan Reinvindicar a Un Asesino
Reformistas y perredeístas Buscan ‘canonizar’ a Balaguer Por Franklin Gutiérrez Reza un dicho popular que “el hombre nace bueno, pero la política, la ambición y el deseo de poder lo dañan”. En República Dominicana, más que una sentencia, ese decir es una verdad infalible, sobre todo porque la mayoría de los políticos criollos, especialmente los congresistas, funcionan como marionetas motorizadas o como veletas cuya orientación la determina la magnitud de su ambición política y su deseo de ascenso económico. De continuar las cosas como hasta ahora se perfilan tendremos que ingerir una buena dosis de Propranolol para evitar que las decisiones de nuestros diputados y senadores no nos produzcan un paro cardíaco fulminante. Es comprensible que los reformistas, interesados en escribir una especie de “Memoria del silencio” para ocultar y, eventualmente, borrar las zonas oscuras del licenciado Joaquín Balaguer prediquen, apoyen, defiendan y gestionen el endiosamiento de su extinto líder. Esa conducta, sin embargo, en vez de censurable, podría entenderse como una muestra de gratitud loable hacia quien abrió las puertas del enriquecimiento material a muchos de sus adeptos. Por eso a nadie debe sorprenderle la reacción y oposición radical de los balagueristas a la exhibición del vídeo de René Fortunato, “La violencia del poder”, que desnuda muchas de las crueldades del gobierno reformista de los doce años. Ni tampoco su petición a las autoridades dominicanas para que el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez sea expulsado de la República Dominicana, donde reside, por haber criticado al difunto Balaguer. Esas barrabasadas se les pueden perdonar a los fanáticos de Balaguer porque la mayoría de ellos colocan la pasión por encima de la razón, pero lo que revienta la paciencia de cualquiera y al mismo tiempo mueve a reflexión es que dos de los tres poderes del Estado dominicano (legislativo y ejecutivo) se hayan unido al partido en el poder para fomentar la “canonización” de Balaguer. LOS HECHOS Los últimos hechos ocurridos en el país en esa tónica confirman que tanto el Congreso como el Partido Revolucionario Dominicano están profundamente afectados por el virus de la balaguerización. Primero fue el presidente Hipólito Mejía, quien a mediados del 2002 sometió al Congreso, logrando su aprobación inmediata, de un proyecto de ley solicitando el nombre de Presidente Joaquín Balaguer para el tramo de carretera comprendido entre Santiago de los Caballeros y Navarrete. Otro caso es el del aeropuerto recién construido en El Higüero, Villa Mella, el cual ya fue bautizado como “Aeropuerto Internacional La Isabela”, pero los legisladores reformistas, apoyados por los perredeístas, depositaron un proyecto de ley donde piden que a dicha terminal aérea se le ponga el nombre de Balaguer. Ahora, para terminar de rebosar la copa, la Cámara de Diputados acaba de aprobar, en primera lectura, el nombre de Presidente Joaquín Balaguer para el Parque Mirador del Sur de Santo Domingo. Uno de los argumentos expuesto por los solicitantes es que durante los últimos años de su vida dicho parque fue usado por Balaguer para sus caminatas. Es como si alguien reclamara que a la calle donde reside se le ponga su nombre por el simple hecho de caminar por ella diariamente. Pero lo más deprimente e irónico es que en uno de los extremos del parque se colocará una estatua del homenajeado, acompañada de una inscripción que rezará: “Presidente Joaquín Balaguer, Padre de la Democracia Dominicana”. Por lo visto, lo del nuevo nombre para el Parque Mirador del Sur es un hecho, pues sólo falta la promulgación de la ley, lo cual es inminente dado que el proyecto fue sometido por el Poder Ejecutivo. Es casi seguro que esta nueva acción del Congreso producirá, en un gran sector del pueblo dominicano, el mismo malestar que han generado la estatua del Presidente Hipólito Mejía haciendo el papel de Belerofonte sobre Pegaso y el monumento inaugurado hace apenas un mes en Maimón para honrar la memoria de los militares que acribillaron a los expedicionarios antitrujillistas que desembarcaron por el poblado de Constanza y las playas de Maimón y Estero Hondo, en junio de 1959, con el propósito de derrocar al dictador Rafael Leonidas Trujillo. Ambas obras fueron patrocinadas por las Fuerzas Armadas Dominicanas. UN BOCHORNO Las marcas de las atrocidades del gobierno de Balaguer todavía están muy frescas en la memoria de muchos dominicanos. Si los gestores de esta idea, encabezados por el legislador reformista por la provincia Bahoruco, Luis José González Sánchez, dedicaran unos minutos a la lectura de las obras “Las viudas de los doce años”, de la periodista Ruth Herrera, y “Los muertos de Balaguer”, del también periodista Victoriano Félix, posiblemente se convenzan de la insensatez de su plan y entiendan las razones del pueblo dominicano para rechazar semejante proyecto. Colocar una estatua de Balaguer en el Parque Mirador del Sur con una inscripción que lo patentice como “Padre de la Democracia Dominicana” es un bochorno, una provocación y un atentado contra la tranquilidad de quienes fueron directa o indirectamente afectados por las persecuciones y los crímenes de dicho régimen. La sociedad dominicana le agradecería más al gobierno de turno y al Congreso Nacional que aúnen esfuerzo para develar el misterio detrás del cual se esconden los responsables de la desaparición de Orlando Martínez, Narciso González y otro centenar de jóvenes dominicanos asesinados y desaparecidos durante la gestión de un gobernante a quien hoy la insensibilidad de unos cuantos oportunistas quieren elevar a la categoría de padre de la patria. Es evidente que los propulsores de la canonización laica de Balaguer no lo hacen partiendo de los méritos intelectuales ni del aporte de su líder a la cultura dominicana, aspectos tomados en consideración por el Ayuntamiento del Distrito Nacional para colocar a una calle, parque o institución pública el nombre de alguien. Todo obedece a la actitud mezquina de congraciarse políticamente con el Partido Reformista, pues éste continúa siendo una opción política con fuerza suficiente para inclinar la balanza de la victoria en las elecciones del 2004. Si los legisladores dominicanos quieren reconocer el aporte de nuestros compatriotas más sobresalientes a la cultura nacional. ¿Por qué no someten al Congreso un proyecto de ley proponiendo a Pedro Mir, Manuel del Cabral, Manuel Rueda, Julio Jaime Julia, Virgilio Díaz Grullón, Aída Cartagena Portalatín y otros tantos valiosos escritores e intelectuales nacionales que con su pluma, pensamiento e intelecto han diseñado la verdadera historia cultural dominicana, para que calles, parques e instituciones nacionales lleven sus nombres? |  | Otros artículos Todos contra Hipólito, Hipólito contra todos Miguel Solano Precandidato presidencial del PLD Reformistas y perredeístas Buscan ‘canonizar’ a Balaguer | |
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